El tiempo me miró.
Sí, el tiempo se paró y me miró a los ojos.
¿Qué fue lo que vi?
La inmensidad de un instante se abrió ante mí.
¿Tiempo?
No, no era nada. Era todo.
Vastedad infinita. Todo y todos juntos en un instante.
Las burbujas de lo que yo consideré mi propio tiempo flotaban junto a mí. Yo que creí que el tiempo era lineal y continuo.
No. Ese tipo de tiempo no existe, es ilusión.
Mis diferentes tiempos flotaban. Unos ya acabados. Otros pendientes e inacabados. Otros olvidados e incompletos también me miraron y gritaban:
"¿No me recuerdas? ¡Acábame! Estoy empezado pero no sé donde voy! ¡Por favor acábame!"
Yo, o lo que quedaba de mí fuera de mis propios tiempos, estaba aturdido.
Si yo estoy aquí mirando mis tiempos indefinidos, si puedo mirar mi historia personal como algo impersonal, si puedo ver mis acabados y mis inacabados; entonces ... ¿Qué soy yo?
Algo en mí se estremeció.
Una evidencia clara apareció.
Yo no soy mi historia.
Yo no soy mi experiencia.
Mis vivencias no son yo.
Tan solo soy, de haber vivido, la consciencia.